Siempre te espero.
En mis suspiros, en mis pensamientos, en mis enojos, en mis remordimientos, en mis tristezas, en mis desesperanzas, en mis alegrías, en mis encantos. Te espero porque sé que vas a venir a salvar mis días, a llenarlos con tu luminiscencia, tu sabiduría, tu paciencia, tu calma, tu respiración.
Y aún estando conmigo, te sigo esperando, porque anticipo tu ausencia, porque sé que hay algo en vos que nunca acaba, que se renueva, que me hace sentir viva.
Persevero, porque sos mi árbol preferido, con todas tus ramas curvas, derechas, cortadas, enteras, que simbolizan tu vida en pleno movimiento, tu evolución, tu función de hombre indispensable al universo, a la naturaleza, a la vida, a mí. Por eso y más, hoy, te espero.
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