domingo, 3 de agosto de 2014

Cambio

Creo en las oportunidades, medidas. Avalo la insistencia hasta lograr. Pero no estoy de acuerdo en detenerme en algo ya formado, moldeado, y sin chances de evolución. Cuando algo no va, no va. El tiempo pasa muy rápido para esperar a la tercera vuelta, si venció en la primera, que no te sorprenda si vence en la segunda. Por eso, dale las gracias, y seguí adelante. Cambio y fuera. Todos, en algún momento, necesitamos ceder y dar lugar a los vientos de cambio.

2 comentarios:

  1. “Hola, ¿vos lo votaste?”

    Con la impotencia nublando su mundo y la ira rebalsando sus pestañas, ella apretó enviar.

    Después de todo de él era la culpa. No toda pero sí entero.

    Necesitaba perder sus cuerdas junto a sus cabales, poner en manifiesto lo desacuerdo que estaba con todo esto. Y, ¿por qué no?, darle la vuelta que encuentra su tope en el fin de rosca.

    Él mira el consuelo con el que le lucha a la decepción del mundo agonizar en su mano. Bien podría ser un pedazo de vidrio ensangrentado que acaba de arrancarse del pecho.

    Si fuese real, podría describirte a la perfección cómo sintió crecer desde la nuca finas fisuras como telarañas de hielo. Recorriéndolo entero. Sosteniéndose sin saber de qué manera.

    Con miedo a moverse y desmoronarse, como si fuera de arena.

    Ella quedó mirando el aparato sobre su cama desde la distancia. Como esperando que saltase a morderla en cualquier momento. El tiempo se volvió lento y la mordida se convirtió en ese escalón fantasma que de repente no se encontraba al fin del descenso.

    Él dejó por un momento de alimentarse de esa división, esa fricción que se daba entre la lógica y sus sentimientos. Tres reflexiones al vidrio y una garganta rota lo dejaron pensando si, sólo por esta vez, habría sido mejor dejar pasar la oportunidad de aplicar la mejor defensa.

    Ella bajó la escalera como quién atraviesa un pasillo oscuro con temor a algo que sabe que no está ahí. La cena no tenía importancia pero su familia sí.
    La vibración la agarró desprevenida y decidió que no quería recaer en eso ahora.

    Él fue hundiéndose más y más entre el balanceo de esa hamaca de tela. Como si el peso en su pecho lo aplastara de verdad. Cada segundo sin respuesta se deshacía en humo onírico para transformarse en vuelo.

    Ella se sorprendió de la indiferencia con la que escuchó su voz. El vacío de su pecho no era por algo que le faltase, más bien se sentía como si por fin pudiera sacarse ese trozo pan pegado al paladar.

    Él esperaba mil gritos de bronca mientras leía el humo. No creía merecerlos pero sentía cierto anhelo combinado con un anticipo. Su peso se fue reduciendo y ascendiendo con el sueño. Las estrellas le contaron historias hasta que no tuvo recuerdos.

    Las caricias del Sol lo encontraron sumido en ese trance que acusamos al inconsciente de ser dueño. Al abrir los ojos volvían a ser los de alguien cuerdo. Recordaba la noche anterior entre humo y fuego pero sus sentimientos se deshacían junto a la memoria. Recordó esa frase sobre el amor

    de como no es el odio su opuesto.

    Si no la indiferencia.

    Y rió

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