jueves, 16 de abril de 2015

Somos en conjunto

“No me interesan los motivos de tu lucha, el que sale perjudicado soy yo”

Leer esa cita me revuelve el estómago. Caer en la realidad de la sociedad que habitamos hoy en día, a veces, me moviliza.  Indudablemente, tenemos nuestras virtudes como seres humanos, tanto de manera individual como en comunidad. Pero también acarreamos defectos, y el que voy a detallar a continuación es uno de los más importantes y significativos, a mi criterio, que detentamos como humanidad. Lo que realmente me pone mal, y me deja pensando, es nuestra falta de empatía. A esto me quiero referir y poner mi mayor énfasis: a la falta de interés por tratar de entendernos, a tratar de sentir por un ratito lo que vos sentís. Ojalá se prestaran días de vida, -“no te enojes así, te presto un día de mi vida para que me puedas comprender”- pero creo que no es necesario fantasear con algo tan surreal, cuando la solución está en detenernos unos minutos a pensar en los motivos del por qué EL OTRO acciona como acciona, considerar percibir qué es lo que desencadena ese acto, esa idea, esa postura. En la cita, se puede interpretar la desgana de quien la dice, en entender lo que le pasa al que está luchando, y ESE ES EL MAYOR ERROR, el hacer oídos sordos. Nunca vamos a establecer un orden como sociedad si no nos escuchamos, y eso no te perjudica sólo a vos, nos perjudica a todos.

No esperemos a que la realidad sacuda a nosotros mismos para retractarnos y decir “ahora te entiendo”. El principio del cambio está en prestarnos más atención.

martes, 10 de marzo de 2015

Cuestión de tiempo

No hace mucho alguien me preguntó qué era lo más preciado para mí respecto de la vida, y casi sin proporcionarme tiempo para razonar, respondió: "Lo más lujoso que tenemos es el TIEMPO". Tardé en asimilar el impacto de esa palabra, tan cotidiana, pero que al menos a mi, no deja de sorprenderme. Analicé si verdaderamente es lo más valioso en mi vida, y la verdad es que sí, lo es, en mi existencia y estimo que en la de todos. Es una lástima, y hasta diría que injusto, que al momento de nacer no nos hayan otorgado algunas instrucciones de uso, simplemente un manual, de cómo optimizar el tiempo de la mejor manera, me hubiese encantado. Sin embargo, y más allá del atropello de no tener ese texto innato, todos los días trato de buscar la mejor manera de darle un buen empleo, la forma insuperable de distribuirlo sin desperdigarlo. Quisiera no adelantarme a él, saber esperarlo un poquito más, comprender que se constituye de instantes, lentos, rápidos, eternos, reducidos, los cuales intento aprovechar para sentirme bien, ser feliz conmigo y los demás. Muchas veces no resulta, me desoriento, y cuando quise darme cuenta desperdicié todo lo que no quisiera haber desaprovechado. Asimismo, sin arrepentimientos, ni desesperanzas, busco en cada nuevo día una oportunidad. Cada amanecer es una nueva ocasión que nos brinda el tiempo, para hacer lo que no hiciste, para no quedarte con las ganas, para perdir perdón, para utilizarlo como quieras. Si todo terminase mañana, mi conclusión sería una, la más certera y concreta que pude lograr hasta ahora: todo es cuestión de tiempo.