viernes, 6 de diciembre de 2013
En remolinos
Le propuse un juego: Que apague la luz, ponga el CD que quiera y se acerque. Quería descubrirlo de otra manera, sin prejuicios, de una forma más transparente y pura. Entonces, cerré los ojos y comencé a tocarlo con las yemas de mis dedos. Nunca me había dado cuenta de su espectacular contorno, y tampoco me había percatado de la sensibilidad de su piel. Su sonrisa era la misma que aprecié con mis ojos abiertos, pero un poco más extensa. Los hombros, fornidos y cómodos para mi cara, y su cuello, de proporción impecable, que desembocaba en sus clavículas. Le pedí que me hablara, de algo, o que cante la canción que había elegido, para conocer su voz a oscuras. "Florecer, mirándote a los ojos, perfección" entonó, y no pude evitar abrir los ojos, y tratar de encontrarme con su mirada. Y fue así, era realmente la perfección. Dos entes jugando con los sentidos, la intensidad y el amor en su estado más natural, dando lugar a los detalles más ínfimos, que antes no lográbamos captar con los ojos abiertos. Es hasta el día de hoy, que prefiero y elijo enamorarme de lo que no se ve.
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